La sed del sentir
El sentir de la sed
con la que calmo la sed de mi sentir
cuando se agita.
Porque también el alma tiene sed.
Hay días en que bebe de la alegría,
de una risa que llega sin anunciarse,
de una mano que encuentra otra mano,
de la presencia de quienes amamos
y hacen habitable la vida.
Pero hay otros días
en que el sentir se agita.
Algo se mueve muy adentro,
como un mar que descubre de pronto
que también existen tormentas bajo la piel.
Entonces los ojos se llenan.
Y lloramos.
No necesariamente de tristeza.
Se llora de amor,
de ausencia,
de gratitud,
de impotencia,
de recuerdos que regresan completos
aunque el tiempo haya pasado sobre ellos.
Se llora incluso de felicidad,
porque a veces la alegría es tan grande
que tampoco cabe en el cuerpo.
Tal vez por eso las lágrimas son saladas:
porque llevamos un pequeño mar por dentro
y cada emoción levanta sus propias olas.
Una lágrima no siempre cae.
A veces asciende.
Sube desde algún lugar que desconocemos,
atraviesa silencios, recuerdos y nombres,
hasta llegar a los ojos
para decir aquello que las palabras
no pudieron pronunciar.
Y cuando finalmente resbala por el rostro
no significa que algo terminó.
Significa que algo estaba demasiado vivo.
Por eso no le temo al llanto.
Lo dejo venir.
Que moje mis mejillas,
que atraviese mis nostalgias,
que encuentre aquello que todavía duele
y aquello que todavía amo.
Porque quizás llorar
sea una de las maneras más humanas
de seguir sintiendo.
Y cuando mi sentir vuelva a agitarse,
cuando tenga tanta vida dentro
que ya no sepa dónde guardarla,
cerraré los ojos
y dejaré correr el agua.
El llanto es el agua
con la que calmo la sed de mi sentir
cuando se agita.
Porque hay una sed que no se calma bebiendo,
se calma llorando.
By Jorge Medina
***
💫🧹 🔮🔮🔮🧙🏻🪄




