Gran Asamblea General de Socios del Amor

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Gran Asamblea General de Socios del Amor

Gran Asamblea General de Socios del Amor
Aprobaremos pago de dividendos para una vida mejor

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Han sido convocados
todos los seres capaces de sentir
a la Gran Asamblea General de Socios del Amor.
No fue necesario acreditar acciones,
patrimonio, títulos ni poderes.

Para ingresar bastó
haber amado alguna vez,
haber extrañado a alguien,
haber sentido miedo de perder,
haber llorado en silencio
o haber descubierto que una flor, un árbol,
un animal, una montaña o el mar
también pueden hacernos compañía.
Se abre la sesión
Preside el Sentir,
por decisión unánime de la existencia.
Actúan como invitados especiales
todos los sentimientos,
incluidos aquellos que algunas veces
nos cuesta recibir:
la tristeza,
el miedo,
la nostalgia,
la soledad
y el desánimo.
Se deja constancia de que ninguno será expulsado.
También ellos tienen derecho a explicar
por qué llegan a nuestra vida.
Primer punto del orden del día
Presente y futuro de las relaciones humanas.
Pide la palabra el Amor.
Dice que le preocupa
que los seres humanos estén aprendiendo
a comunicarse cada vez más
y a encontrarse cada vez menos.
Que existen abrazos aplazados,
perdones que nunca fueron pronunciados,
padres esperando llamadas,
hijos esperando tiempo,
amigos separados por orgullos diminutos
y amores que terminaron
porque ninguno quiso decir primero:
te necesito.
La Ternura solicita una moción.
Propone que, a partir de hoy,
ninguna palabra cariñosa sea considerada debilidad.
La propuesta es aprobada
por una inmensa mayoría de corazones.
Segundo punto
El futuro de nuestra relación con la naturaleza.
Pide la palabra la Tierra.
No reclama.
Eso conmueve todavía más a la Asamblea.
Simplemente recuerda
que durante millones de años
ha puesto árboles para darnos sombra,
ríos para calmarnos la sed,
mares para enseñarnos la inmensidad,
flores para explicarnos la belleza
y amaneceres para demostrarnos
que siempre existe otra oportunidad.
El Amor pregunta qué podemos hacer por ella.
La Tierra responde:
—Ámenme como aman aquello que desean dejarle a sus hijos.
Nadie solicita aclaraciones.
Tercer punto
Ayuda para quienes estén a punto de sucumbir ante la tristeza y el desánimo.
La Tristeza pide la palabra.
Hay silencio.
Dice que está cansada
de que todos quieran expulsarla.
Explica que ella no siempre viene a destruirnos.
A veces llega
porque algo nos importó demasiado.
A veces es la sombra
que demuestra que alguna vez hubo luz.
Entonces interviene la Esperanza:
—Cuando la Tristeza llegue, no la dejen sola.
Siéntense a su lado.
Escúchenla.
Pero no permitan que decida el futuro.
El Desánimo pregunta:
—¿Y qué hacemos cuando alguien ya no tenga fuerzas?
El Amor responde:
—Prestárselas.
Y aquella frase queda registrada
como una de las decisiones fundamentales
de esta Asamblea:
cuando alguien no pueda continuar,
otro corazón caminará un trecho a su lado.
Elección de la nueva Junta Directiva
Después de una extensa deliberación,
son elegidos siete miembros:
La Ternura,
encargada de recordarnos que la fuerza también sabe acariciar.
La Esperanza,
responsable de mantener encendida una pequeña luz cuando todo parezca oscuro.
La Empatía,
con la misión de enseñarnos a mirar el dolor desde los ojos del otro.
La Gratitud,
para impedir que olvidemos la riqueza de aquello que ya tenemos.
El Perdón,
encargado de liberar los corazones de antiguas cadenas.
La Alegría,
para recordarnos que vivir también merece celebrarse.
Y la Memoria,
porque ningún amor verdadero debería desaparecer por completo mientras alguien pueda recordarlo.
Por aclamación universal,
el Sentir continuará como presidente vitalicio.
No habrá vicepresidente.
El Amor considera innecesario
establecer jerarquías entre los sentimientos.
Proposición final
Antes de levantar la sesión,
un niño que nadie había visto entrar
pide la palabra.
Pregunta:
—¿Y quién será el dueño del Amor?
La Asamblea queda en silencio.
El Sentir sonríe.
Y responde:
—Nadie.
Porque el Amor no tendrá propietarios,
fronteras, nacionalidad, edad ni vencimiento.
Será patrimonio de todo aquello que tenga vida.
Y cuando alguna persona
sienta que el mundo pesa demasiado,
cuando crea que la tristeza está ganando
o que ya no queda una razón para continuar,
podrá convocar nuevamente esta Asamblea
dentro de sí misma.
Allí estarán la Ternura,
la Esperanza,
la Empatía,
la Gratitud,
el Perdón,
la Alegría
y la Memoria.
Y en la cabecera de la mesa,
esperando pacientemente,
seguirá sentado el Sentir.
Se levanta la sesión
No porque hayan terminado
los asuntos del Amor,
sino porque ha llegado la hora
de salir a practicarlos.
Y se deja una última constancia
para las actas de la vida:
mientras exista un corazón dispuesto
a prestarle un poco de esperanza a otro,
la humanidad todavía tendrá quórum
para seguir amando.

By Jorge Medina

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